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La legalización de la Marihuana en España; ¿lotería con premio para los estancos?

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Buscando comprador. Primer paso de la compraventa

Lleg├│ cuando estaba amaneciendo al bar de carretera donde hab├¡amos acordado reunirnos. Se trataba de un lugar a medio camino entre Valladolid y la finca en Segovia donde el interesado en comprar el estanco que yo vend├¡a acud├¡a a una monter├¡a. Desde mi mesa pude ver como irrump├¡a en el parking con su cuatro por cuatro de alta gama cargado de escopetas, munici├│n y dem├ís impedimenta imprescindible para una cacer├¡a con la ├®lite. Con la seguridad que proporciona haber triunfado en el mundo de los negocios se dirigi├│ al establecimiento con paso decidido. Ni siquiera el ir vestido como si se hubiera escapado del rodaje de la Escopeta Nacional de Berlanga, sombrerito con pluma de ave y polainas incluidas, mermaba su confianza en s├¡ mismo.

 

Su entrada en el local provocó un murmullo jocoso entre los escasos parroquianos allí reunidos pero su mirada severa, buscándome entre los presentes, lo ahogó de inmediato. Cuando me localizó hizo un gesto con la cabeza a modo de saludo y se dirigió a mi mesa.

 

Mientras se acercaba repas├® mentalmente, una vez m├ís, que hac├¡a yo perdido en medio de ning├║n sitio un s├íbado de febrero a las ocho de la ma├▒ana. Otra vez.

 

La g├®nesis de esta reuni├│n se hallaba en el proceso de venta del estanco que gestionaba en Valladolid desde hac├¡a varios meses. Se trataba de un negocio de envergadura con una facturaci├│n que, solo en tabaco, rondaba los tres millones de euros y contaba con una fuerte implantaci├│n en el segundo canal. Los puntos de venta con recargo (PVR) que manejaba, hosteler├¡a y un par de gasolineras potentes, posibilitaban estos ingresos pero a la vez dificultaban la transmisi├│n por el temor que genera en los compradores la hipot├®tica p├®rdida de estos puntos de venta una vez completado el periodo contractual de vinculaci├│n de tres a├▒os. Realmente, si el punto de venta con recargo recibe un buen servicio del titular del estanco esta circunstancia no tiene porqu├® producirse necesariamente y, disponer de los mismos, permite que, mientras uno est├í comiendo o durmiendo, su negocio siga vendiendo. Distintos puntos de vista y para gustos los colores. Pero el caso es, por ir al turr├│n, que yo no encontraba al comprador para una de las expendedur├¡as m├ís rentables y mejor gestionadas cuya venta hab├¡a promovido nunca.

 

La experiencia me decía que esta operación requería más un perfil de comprador empresarial que el de quien busca un autoempleo. Alguien que, con recursos económicos suficientes para asumir el montante de la inversión, estuviera habituado a relativizar el riesgo y tuviera la capacidad de gestión que requiere una amplia red de ventas en segundo canal a cambio de una muy atractiva rentabilidad.

Con estas premisas había estado trabajando las bases de datos de directivos de nuestra empresa cuando tras un proceso de filtrado exhaustivo el candidato se decantó.

 

Se trataba de un empresario jubilado que quer├¡a el estanco para una hija que nunca quiso dar continuidad al negocio familiar. La muchacha, siguiendo los impulsos emocionales de la juventud hab├¡a querido dedicarse a la interpretaci├│n en Madrid pero, tal vez por descubrir su poco talento o por la dificultad de prosperar en una carrera tan imprevisible o porque hac├¡a mucho fr├¡o ah├¡ fuera, hab├¡a reconsiderado sus prioridades vitales cuando pasaba de largo los treinta. Tras consultar a su yogui decidi├│ dejar atr├ís su vida bohemia en la capital y centrarse en algo m├ís mundano y productivo que le permitiese pagar las facturas del resort en Marbella en el que le gustaba veranear para armonizar su cuerpo y su esp├¡ritu. Probablemente la negativa de su padre a seguir manteni├®ndola sin trabajar, en el sentido b├¡blico de la palabra, contribuy├│ a que tomara la decisi├│n.

 

Negociaci├│n, cuaderno de venta, reuni├│n, reuni├│n, reuni├│n…

El proceso informativo y la negociaci├│n transcurri├│ deprisa y yo era consciente que era mi mejor, tal vez ├║nica, oportunidad. Quem├íbamos etapas como quien se bebe la vida a tragos hasta que, justo antes de comenzar con la redacci├│n de los contratos, de repente todo se detuvo en seco. Una semana sin contacto. Al principio, tirando de profesionalidad, trat├® de hacerme el digno no llamando para no demostrar mi desbordante inter├®s. No obstante, a medida que pasaban los d├¡as, todos mis temores se desataron cuando entend├¡ que el comprador dudaba, que mi comisi├│n peligraba y, lo peor de todo, que perdida la operaci├│n el estanquero pronto estar├¡a, nuevamente, martille├índome con la frase m├ís temible para un intermediario…. ┬┐que hay de lo m├¡o? Imaginar, al otro lado de la l├¡nea, ese tono que solo un vendedor asqueado por el des├ínimo sabe poner y que te hiere en lo m├ís profundo porque cuestiona, ├¡ntegramente, tu dedicaci├│n al proyecto me causaba un profundo desasosiego. Conste que le entiendo pero desasosegar desasosiega.

 

Pasada la semana y visto que la operaci├│n se me escurr├¡a entre los dedos decid├¡ someter a asedio al interesado para retomar el contacto. Llamadas desde mi tel├®fono, desde el tel├®fono de compa├▒eros, correos electr├│nicos, Whatsapps…. Tal retah├¡la de recursos dio f su fruto y una tarde, finalmente, me contest├│.

 

Tratando de mostrarme despreocupado – ya le gustar├¡a a su hija tener las dotes interpretativas que yo demostr├® en ese momento- le hice ver que llev├íbamos m├ís de una semana sin hablar, que yo hab├¡a concluido el contrato, y que deb├¡amos organizarnos para firmarlo y comenzar el proceso de transmisi├│n. Su respuesta, aunque esperada, me hel├│ la sangre como si me hubieran echado cubitos de hielo por el cuello de la camisa. En s├¡ntesis, no lo ve├¡a muy claro y no sab├¡a si quer├¡a seguir adelante.

 

Lo hablamos un rato pero la situaci├│n no mejoraba para mis intereses. Cuando estaba tratando de pronunciar, sin romper a llorar, mi repertorio de retirada se abri├│ una puerta a la esperanza. Me confes├│ que ├®l era de la vieja escuela y que prefer├¡a tratar cualquier tema en persona. Hablando de hombre a hombre. Bendita costumbre.

 

As├¡ las cosas me propuso quedar el s├íbado en el bar en el que me encontraba al principio del relato a la improbable hora que he descrito. Me atender├¡a camino de la monter├¡a. Parece ser que ten├¡a el fin de semana comprometido con la actividad cineg├®tica y el lunes se marchaba un par de semanas de crucero por Asia. Jubilaci├│n con posibles, divino tesoro.

 

Estaba claro que si dejaba pasar dos semanas la oportunidad de reunirnos la operaci├│n se ir├¡a al traste as├¡ que con una sonrisa de circunstancias le dije que me ven├¡a fenomenal mientras que pensaba en las contraprestaciones que tendr├¡a todo aquello en mi resentida vida dom├®stica. Ciertamente, en las pr├│ximas semanas, iba a pasar mucho tiempo con mis hijos en el Chiqui Park.

 

Tras el flashback…

Como dec├¡a al principio cruz├│ la escasa distancia que nos separaba con el aplomo del que, probablemente, har├¡a gala Julio Cesar en el Senado se sent├│ en mi mesa y pidi├│ un carajillo doble al camarero que contemplaba la escena desde la barra. Afortunadamente se quit├│ el sombrero adornado con la pluma- en las situaciones m├ís inoportunas me puede traicionar una risita nerviosa- y comenzamos a repasar la operaci├│n. El asunto estaba peor de lo que imaginaba y aquello sonaba a despedida. No me qued├│ m├ís remedio que, despu├®s de recitar por en├®sima vez todas las virtudes del negocio, lanzar la ├║ltima gran ofensiva para tratar de afianzar el acuerdo en esa misma reuni├│n. Jugar mi ├║ltima baza. As├¡ las cosas sin m├ís se lo dije, se lo solt├® y me qued├® tan ancho. Diez minutos de explicaciones que no hubiera mejorado ni quien vendi├│ el Puente de Londres. En fin que desembarqu├® en Normand├¡a, entre a cuchillo, me jugu├® el todo por el todo. Creo que hasta me resplandec├¡a el colmillo mientras hablaba tan seguro como estaba del ├®xito de mis argumentos.

 

La legalizaci├│n del Cannabis en Espa├▒a y c├│mo puede afectar a los estancos

Por resumir, dir├® que simplemente le hab├¡a adelantado lo que es vox populi en el mundo del tabaco; m├ís antes que despu├®s los estancos espa├▒oles acabar├ín vendiendo marihuana para uso recreativo y, considerando la afici├│n al esparcimiento que adorna la idiosincrasia ibera y de la que se contagian todos los turista que nos visitan, le auguraba que, si ya el estanco en venta era bueno con sus cifras actuales, cuando llegase la legalizaci├│n ser├¡a como que a ├®l y a su hija les hubiera tocado la loter├¡a. El dinero entrar├¡a a espuertas. Seguro.

 

Como quiera que no me gusta vender humo -que bien traído- ni que asuman mis planteamientos porque yo lo valgo, le explique de corrido que, si lo analizaba detenidamente, todo apuntaba en esta dirección. Para el Estado sería una nueva fuente de ingresos via impositiva y se reduciría la partida de gastos derivada de la persecución de su venta ilegal. Se crearían puestos de trabajo en el medio rural, en la distribución y en la comercialización con el consiguiente beneficio recaudatorio para la Seguridad Social. La extensa red de estancos del Comisionado, más de 10.000 puntos de venta, permitiría hacer llegar el producto a todo el que quisiera consumirlo y podría controlarse su venta a menores. Aunque determinados perfiles abusasen inicialmente de su consumo -hoy día la marihuana ya se percibe entre un significativo espectro social como una droga blanda similar al tabaco o el alcohol- los ingresos generados permitirían desarrollar campañas de concienciación sobre sus efectos perjudiciales para la salud.

 

Por ├║ltimo, y tal vez m├ís importante, la legalizaci├│n es tendencia mundial, los partidos pol├¡ticos la incluyen dentro de sus programas y las grandes multinacionales toman posiciones en el sector. Despu├®s de Holanda y Uruguay, Canad├í ha sido el primer pa├¡s del G7, los m├ís industrializados, que ha legalizado el consumo recreativo de marihuana. Adem├ís en el pa├¡s norteamericano para venderla emplean una red de establecimientos con licencia estatal similar a los estancos ┬┐no es una maravillosa coincidencia? En EEUU 9 estados y el distrito de Columbia tambi├®n autorizan el uso recreativo por no mencionar los 30 estados de aquel pa├¡s que aprueban el uso medicinal. Altria, la due├▒a de Phillip Morris productora de Marlboro, Anheuser-Busch InBev, la mayor cervecera del mundo, o Constellation Brand, due├▒a de Corona, compran en Canad├í cualquier empresa que huela a Cannabis. Hasta Pepsi y Coca Cola estudian la posibilidad de entrar en el mercado. Con menos evidencias se descubri├│ Am├®rica.

 

Evidentemente no le podía decir cuando sucedería todo esto pero con los treinta años de licencia de los que se beneficiarían si adquirían la expendeduría el premio les tocaba seguro. Era como jugar al póker con las cartas marcadas.

 

Expuesta mi mesi├ínica visi├│n del futuro del sector me repantigu├® en la silla y, sinceramente, me qued├® m├ís ancho que largo.

 

Para mi sorpresa comprob├® estupefacto como el rostro del comprador pasaba de la palidez del desconcierto al rojizo del enfado y de nuevo a un estupor ros├íceo para concluir en un granate intenso adecuado al estallido de ira con el que recibi├│ mis explicaciones. Su reacci├│n empeque├▒ec├¡a los arrebatos furiosos del mism├¡simo capit├ín Haddock. Con la agilidad mental que me caracteriza comprend├¡ que, ciertamente, no le hab├¡a gustado mi ├║ltimo argumento de venta.

 

Entre espumarajos me inform├│ que ni ├®l ni su hija, aunque esta hab├¡a experimentado con el ├ícido lis├®rgico para encontrar su yo interior, eran vulgares camellos, ni drogadictos, ni quer├¡an saber nada con el tr├ífico de estupefacientes ni mucho menos venderlos ellos y hacer que los ni├▒os se hicieran drogadictos o sidosos. Que eran una familia de bien, cat├│lica para m├ís se├▒as y de derechas y que con el Caudillo esto no hubiera pasado y que, por supuesto, no pasar├¡a lo que vaticinaba. Concluy├│ dici├®ndome que desde ese momento quedaba rota cualquier relaci├│n comercial conmigo, con el estanquero o con cualquiera que tuviera que ver con este sector depravado.

 

Evidentemente no esperaba esa reacci├│n. Me qued├® paralizado y mientras me soltaba su reprimenda repasaba mentalmente d├│nde estaba el error en mi razonamiento.

 

Sinceramente, no lo había. Simplemente aquel sujeto no estaba preparado para recibir la verdad revelada.

 

Así las cosas el comprador se levantó de la silla como impulsado por un resorte y antes de abandonar el lugar se volvió y con una mirada fría como el acero, me dijo:

 

-No te acerques más a mí ni a mi hija, olvídate de mi familia, nosotros no somos narcotraficantes. Si lo haces no conseguirás mi plata, pero sí mi plomo.

 

Record├® la artiller├¡a que transportaba en el todo terreno. Plata o plomo. No era un narcotraficante pero ten├¡a maneras. Habr├¡a triunfado.

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